Nueve días de plenitud
Fueron días maravillosos, y aún no los he compartido con los demás como debería.
Quizá porque el recordarlos, en alguna manera me pone melancólica.
Quizá porque me hace pensar que podría estar aprovechando mi tiempo en algo provechoso para los demás, pero aún quedan un par de años para que lleguen esos días, y se me hace muy largo.
Quizá porque en esos días me sentí plena conmigo misma, y a la vuelta noté como me arrancaban la felicidad y dejaron un vacío.
Quizá porque fueron mi calma antes de la oscura tempestad.
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Fueron nueve días, con sus soles y sus lunas, en la Isla de Gran Canaria, durmiendo en ese albergue en Vegueta; antiguo orfanato, con lúgubres y largos pasillos, escaleras de piedra, pianos desafinados, y mini baños adaptados para esos niños espósito que andaron por esos pasillos. Un extraño lugar, que descrito así parece demasiado lúgubre para tanta luz que lo habitó.
Los primeros días, como en todo evento al que vas sin conocer a la gente con la que trabajarás, son de descubrimiento, tanto de nuevas personas como de ti mismo, porque es ante esta situación cuando ves cómo eres realmente y cómo te relacionas con los demás.
Fue fácil, o es que me lo pusieron realmente fácil, porque nunca he llegado a conjeniar con tantas personas en tan poco tiempo, y en consecuencia me pude mostrar tal como soy, sin miedo al que dirán que ensucia la vida cotidiana de todos.
No tenían los típicos prejuicios que abordan cuando conoces a alguien nuevo, simplemente no hacían falta, eramos 32 personas que fuimos a dar todo lo que podíamos y con la idea de ayudar al máximo esos nueve días. Objetivos, expectativas, inspiración, alegría, conocimientos, actuación,... era lo que nos movía.
Pasaron las noches y llegó la mañana que todos deseabamos con nerviosismo, el fin común de nuestro viaje iba a dar comienzo.
Nos repartieron por distintos centros: Las Palmas Acoge, Centro de Menores de Arinaga, Centro de Menores de Arucas, CEAR Canarias, y La Isleta, a la que ésta ultima fuí de voluntariado.
Lamentablemente, no cumplí los objetivos planteados en mi comienzo en el centro, ya que no era de inmigración en sí, sino de integración social (trabajando con expresidiarios, personas provenientes de Proyecto Hombre,...etc). Aunque las pequeñas historias que vivían allí me enseñaron que la lucha y la esperanza de una nueva vida siempre es posible.
Pero el voluntariado trataba sobre la inmigración, "Conoce y Actúa", conocer la realidad que envuelve a este sector de población que se ve obligada a buscar un futuro más próspero; y posteriormente, a nuestro regreso, actuar con los nuevos conocimientos adquiridos en nuestra realidad cotidiana.
Así que, la verdadera manera de aprender que tube durante esos días fue con las vivencias de mis compañeros scouts, por lo que cada día deseaba que llegara el momento de la cena para que me contaran uno a uno sus momentos vividos con esta gente.
Ver la emoción de sus relatos hacía que la percepción de la realidad cambiara poco a poco. Saber que...
- Los inmigrantes venidos en cayuco o patera te cuentan su triste viaje, y aún así te reconocen que volverían a realizarlo.
- Menores de edad que viajan solos porque toda una familia a puesto su futuro vendiendo todos los bienes que poseen en el país de origen para que pueda realizar el trayecto y una vez en España pueda encontrar trabajo para ayudar a su subsistencia.
- Las personas llegadas a Canarias en cayucos y pateras, solo representa el 8% del total de la inmigración que viajan a las islas.
- "Para conseguir un sueño, hay que atravesar la tormenta"
Saber este tipo de cosas y ser participe en ello hizo que me sintiera más segura en mi decisión de dedicarme a este trabajo.
Llego el último día, sabíamos que iba a llegar, y como críos que terminaron un campamento, nos emocionamos. Muchas vivencias en muy pocos días, y tristemente me pasaron factura.
"Síndrome post-canarias" le tuvimos que denominar porque todos estabamos con ese nosequé que nos hacía sentir fuera de lugar estando en nuestras propias casas.
Una factura muy cara porque el haber vivido en la luz más inspiradora de toda mi vida ha provocado que ande a tientas en la realidad poco profesional y sin vocación que representa el día a día de mi carrera.
Habrá que acostumbrarse a las tinieblas hasta que llegue otro resplandor...





solounpoco dijo
Crispi, dos años pasan volando, te lo aseguro. Me quedo con lo que dices en el último párrafo.
La cantidad de cosas que se pueden hacer por ayudar a gente que realmente lo necesita, y que realmente luego te lo agradece, y lo asqueroso y barriobajero que se hace el día a día preocupados por el alumbrado navideño, la crisis de los cojones...
En fin. Un beso y ánimo.
26 Noviembre 2008 | 05:14 PM