Me llamo Cristina
Verla perdida estando ahí sentada me hace sentir tal impotencia que siempre intento buscar ante ella a la mujer que conocí. Intento hacerla buscar en el fondo de sus pensamiento, tiene que estar ahí, pero ha perdido las llaves de la puerta que muestran sus momentos pasados.
Todo es en vano, y se limita a sonreir. Sonrisa que se convierte en tristeza al sentir que ella lo sabía, que está haciendo algo mal, que no entiende que pasa. Y se vuelve a perder en ese abismo que la aleja cada día más, que le hace retroceder, que le revive momentos pasados como si estuvieran ocurriendo en ese mismo instante.
Hace meses que no me reconoce pero hay un vínculo, un sentimiento, hay algo que perdura entre las dos y hace que cada vez que me ve sonría y se alegre aunque no sepa como me llamo.
Me acaricia el rostro, me abraza, y en un instante envuelto por el silencio, vocaliza mi nombre...
- Cristina, mi niña.
- Hola abuela, ¿cómo estás?
- Estás muy grande, ¿y tu hermana?
- Ha ido a acompañar a Nacho con la compra...
- ¿Quién?
- Que Virginia a ido a... nada. Está bien.
- Tengo frío, ¿me traes una manta?
- Claro, ahora vengo... Aquí tienes.
- Gracias, niña. Oye, ¿tú de quien eres?
Respiro hondo, sonrío y le explico sin complicaciones para que no se altere de quien soy hija.
Por un instante, el puente entre ella y yo nos ha dejado reencontrarnos, pero cada vez ese puente... se derrumba antes.
"Millares de recuerdos desaparecidos sin cardores, como congelados en frío invernal y que en pequeña lucidez son rabia y ardores"







theo dijo
Es un post aterradoramente bello! Cuando ya no eres dueño de tus recuerdos... no sé ni siquiera si eres dueño de ti mismo... Lo lamento...
Un beso (y un café, que es pronto para una Estrella Levante)
14 Abril 2008 | 09:29 AM