Calle Lope de Vega
Ayer volví a viajar a mi niñez. Suelo hacerlo cada equis tiempo de forma melancólica para llenarme de la ilusión de aquellos años y seguir mi camino con más fuerza.
Este trasbordo fue propulsado tras observar a los críos de ahora.
Mientras trabajo, observo con una mezcla de pena y rabia a los niños autistas que juegan con la DS mientras el resto de la familia cena tranquilamente; no hay ni un solo momento en el que suelten el aparato.
Al mirarlos me acuerdo de la calle en la que jugaba.
Calle Lope de Vega, donde mi padre tenía su antiguo negocio y donde me pasaba las tardes (y noches) enteras jugando, después de hacer los deberes, bajo la observación en las alturas de las madres y abuelas.
Recuerdo que era una calle muy larga, que ahora cruzo en dos minutos, pero que entonces era como una autopista en la que apenas había coches.
Al analizarla con mente lúcida, te das cuenta de que era un patio de juegos perfecto:
A un lado de la calle estaban las ruinas de la Tejera, antigua fábrica de la que solo se conservaban las paredes, escombros y una enorme puerta de madera que nos servía de tablero para los dardos (siempre que se pusiera alguien delante); además, el solar era idóneo para encontrar culebras y ratones, alguna que otra pulga y servía de criadero de perros abandonados.
(Ahora solo hay pisos y uno de los mejores bares del pueblo que lleva el nombre de la fábrica en recuerdo de aquellos años).
Al otro lado de la calle había dos bloques de pisos, casas bajas y bajos comerciales de los que hay que destacar:
1.La tienda de Chucherías Encarna, donde nos abastecíamos de gasolina azucarada para aguantar toda la tarde.
2.El Bar de Paco, que solo abría los fines de semana con el mercado semanal, y al que ayudábamos los jueves a descargar las garrafas de agua, bebidas,… etc. etc. a cambio de 20 duros para cada uno, que luego gastaríamos en la tienda de chucherías.
La calle tenía una leve inclinación que nos valía para hacer carreras con monopatines y patines de cuatro ruedas (y los entonces nuevos de una fila), con las que a menudo nos magullábamos piernas, codos y rodillas (antes ni de coña teníamos protectores).
Y sobretodo jugábamos, jugábamos muchísimo. Corríamos, saltábamos, trepábamos, nos peleábamos y reíamos a los cinco segundos,… había tantas cosas por hacer que nunca nos aburríamos.

El Escondite, el Pilla-pilla, el Caduque, el Elástico, el Burro, el Lagarto Súbete en Alto, el Bote-Botero, la Bombilla, las Galletas, la Comba, la Rayuela, el “¡Que viene el toro!”, las pachangas de fútbol, las Chapas, los Tazos, los Trompos, las colecciones de Cromos, las carreras de todo tipo, el Cuba-Libre, el Mosquito, el Pistolero, la Gallinita Ciega,… poner puestos de ventas con pulseras que hacíamos a mano, interpretar series de moda, guerra de globos de agua, cantar canciones de moda, contar chistes, gastar bromas a los cabrones de la calle de al lado, inventarnos historias, chinchar a los viejos cascarrabias, tocar a todos los pitos y después: ¡A correr!, meternos con uno de los tontos del pueblo gritándole el mote para que nos persiguiera, hacer cabañas en la Tejera,… y cuando alguno comenzó a espabilarse: la Botella, el Conejito de la Suerte, los Matrimonios,…etc.
¿Y ahora qué? Están sentados, hipnotizados. Todo lo que hemos vivido no cabe en una Nintendo DS o en una PSP. Al final, estos niños serán gente huraña, individualistas, no sabrán lo que es el compañerismo porque no tenían una pandilla, temerán los problemas de la calle porque no se han criado en ella.
Los miro y me dan mucha lástima, porque no son niños.






Crispina dijo
joder, no sale la puta separacion de ls parrafos.
Tngo la perezosa, tendreis que forzar la vista.
A que jugabais vosotros????
Ciao!
5 Septiembre 2007 | 01:07 PM